Y a las 5 ya estábamos en la van con rumbo al valle de los reyes. Era de noche y
amanecía cuando llegamos. El aparcamiento estaba completamente vacío.
Fuimos a tomar un trenecito que nos subiría para depositarnos a los pies de las tumbas y Admed tuvo que llamar a su
conductor. Únicamente subimos los tres.
Ante nosotros las doradas
montañas que cerraban este desolado valle iban creciendo según nos
acercábamos y el sol del amanecer únicamente iluminaba su parte superior
resaltando su suave color. Solo el de la tierra. Desolación, ni una brizna de
vegetación.
A este valle se abrían distintas oquedades que daban entrada a tumbas reales. Admed nos explicó, como ya había hecho otras
veces, lo que íbamos a ver, describiéndolo todo con precisión con su memoria
fotográfica. Y una vez más nos dió la
misma orden, en el interior de ellas…
sin prisa, de una a otra que corriéramos, sobre todo en las tres tumbas
que incluía la entrada al valle de los reyes y que serían las que visitan todos
los turistas. Empezaríamos por esta
terna ahora que no había nadie para dejar para el final dos más, una la de
Rameses V y VI aconsejada por él y la
otra, la de Seti I, que si en un principio decidimos no visitarla ya que todo nuestro presupuesto se lo llevó
el valle de las reinas junto con la tumba de Nefertari, luego cambiaríamos de
opinión. Y para ello tuvimos que pedir dinero prestado a Admed. Y es que
pensamos que ya no volveríamos aquí y que sería una lástima no visitarla por un
poquito más (más bien un “muchito” ya que el importe para visitar la tumba de
Seti I ascendía a más de 50 euros por cabeza)
Así comenzamos con la tumba de
Rameses IV. Descendimos entre muros cuajados de relieves con inscripciones
hasta llegar a una cámara donde se encontraba un enorme sarcófago de piedra.
Todas las paredes estaban llenas de grabados de pequeñas figuras donde el color
dorado predominaba. Y conseguimos visitar esta tumba en completa soledad, con
la única compañía del vigilante que cuando hablaba rompía el intenso silencio
del lugar y me molestaba.
Su diseño se resume en la típica rampa de entrada, tres corredores de
ligera inclinación seguidos de una pequeña cámara y de la propia cámara
sepulcral que a su vez tiene anexo un pequeño pasillo con tres
receptáculos. Presenta unos frescos con
cierto carácter innovador y al aparecer
por primera vez dos textos funerarios inéditos y de gran belleza. Aparecen
escenas del libro de las cavernas, del de los muertos, y en la cámara sepulcral partes del Libro de
las Puertas, del Libro del Amduat y, en el techo, también por primera vez, el
Libro de los Cielos (en lugar de la típica representación del cielo que aparece
en la mayoría de las tumbas reales).
Llenos aún de las imágenes de esta hermosa tumba, nos dirigimos sin
perder tiempo a la siguiente, la de la
de Rameses III.
Aquí los grabados eran de mayor tamaño y representaban principalmente a
diosas y diosas del antiguo Egipto.
Los colores, algo apagados, y el estado de
conservación general no muy bueno.
Pero si es famosa esta tumba es por ser "la tumba de los
arpistas", tal y como se conoce en la actualidad, debido a su espectacular
y maravilloso bajorrelieve que representa a dos arpistas ciegos. Lástima que
estén algo escondidos (nos hizo la fotografía el vigilante) y algo
deteriorados.

Después a la de Merenptah. Aquí disminuye el número de
habitaciones laterales aumentando la altura de pasillos y habitaciones. La
entrada se hizo mucho más amplia, dando la sensación de una entrada imponente,
aunque en sus motivos decorativos seguían siendo tradicionales.
Quizás lo que más nos llamó la atención aquí fue el enorme sarcófago de
piedra. La tapa estaba en un lado y el sarcófago en otro.
Igualmente los grabados con escenas que derivan del libro de las
puertas aunque también con escenas del libro de las cavernas cubrían todos sus
muros.
Y también conseguimos visitarla
solos. La suerte nos seguía sonriendo y se
cumplía el refrán ese que dice que “a quien madruga dios le ayuda”.

Ahora le llegó el turno a las que estaban fuera del “circuito” por lo
que preveíamos poca gente. Comenzamos por la de Rameses V y VI, definida como una de las más interesantes del valle
de los reyes. El diseño de la tumba
es muy completo, y es de los últimos sepulcros del Valle completamente
finalizado, y además con un óptimo resultado. El perfil del lugar es muy
simple, con una total ausencia de cámaras anexas y el eje recto que presentan
todas las tumbas posteriores al reinado de Ramsés II.
Descendemos por un corredor en cuyos muros los grabados están bastante
deteriorados hasta llegar a la cámara funeraria donde se encuentra un gran
sarcófago de piedra que ha sido recompuesto cual inmenso puzle. Leo después que
fue necesario unir más de 250 fragmentos que gradualmente le devolvieron su
forma y tamaño original. Pero lo que más atrae mi atención y despierta mi
admiración son los grabados que cubrían todos sus muros así como el techo.
Su decoración representa una especie de tratado sobre la teología, en
la que los elementos fundamentales son el sol y su viaje diario en el mundo de
las tinieblas.
En general, la decoración proporciona la historia de los
orígenes de los cielos, la tierra, la creación del sol, la luz y la vida misma.
El plan de decoración para esta tumba es uno de los más sofisticados y
completos en el Valle de los Reyes.
Los relieves son magníficos, pequeños y bien conservados y el techo,
pintado de color negro con figuras doradas que resaltan sobre el fondo oscuro,
me seduce de inmediato y me dejo atrapar. Tan solo coincide con nosotros otra
pareja y esperamos con paciencia a que se vayan. Parecían tener prisa, lo que
nosotros aprovechamos para quedarnos completamente solos. Además, tuvimos la
gran suerte de que el guardián no era charlatán, con lo que conseguí disfrutar
de un lugar único en un silencio…sepulcral. Y es que me ocurrió lo que en pocas
ocasiones me pasa y es que la voz humana, sea de turistas o de los guardias, me
molestaba, y mucho. Es como si nuestro sonido violara un lugar sagrado destinado al descanso eterno.
Ahora nos quedaba la última, la de Seti
I, considerado uno de los más grandes faraones de la historia egipcia,
aunque la enorme sombra de su hijo y sucesor Ramsés II han eclipsado e incluso
suprimido algunos de sus éxitos como rey.
Es la tumba más larga y profunda no sólo del Valle de los Reyes, sino
de toda la necrópolis tebana e incluso de todo Egipto.
Aunque en cuanto a área es menor a otras tumbas cuenta, a lo largo de
toda su extensión, con hasta siete corredores y diez cámaras, cuya excavación
tuvo que ser larga y penosa.
Todas estas estancias, exceptuando el último pasillo, están completa y
profusamente decoradas, lo que indica que la construcción de la tumba tuvo que
empezar al poco de subir al trono Sethy I, o incluso ya durante el reinado de
Ramsés I. Así nos sumergimos en ella y nos vimos rodeados de hermosos
altorrelieves policromados que al
parecer señalan el culmen de la habilidad de los obreros, convirtiendo el lugar
en uno de los más hermosos de toda la necrópolis tebana.
Estos altorrelieves son de gran tamaño y me llama especialmente la
atención la familiaridad y comunicación entre ellos ya que se abrazan y se dan
la mano. Sea como fuere, parece ser que los motivos elegidos por Sethy I marcaron
un antes y un después en la decoración de todas las tumbas reales, y los
sucesores del faraón optarían por seguirlo posteriormente en mayor o menor
grado.
Muros y columnas estaban llenos de grandes grabados casi de tamaño
natural, en contraposición con el pequeño tamaño de los relieves y pinturas de
la tumba visitada anteriormente, Rameses V y VI. Y disfruté, sino de todos ellos
porque sería prácticamente imposible, sí de uno que representaba a un sacerdote
cuya capa se cerraba con la cabeza del que debió de ser su antiguo propietario.
Con su mano agarraba una
pata del animal. Pese a que lo había visto en otros lugares, su tamaño y la viveza
de sus colores me llamó especialmente la atención. Parecía que se iba a salir
de la columna y acompañarnos en la visita.
Los colores no eran tan vivos como los de la tumba de Nefertari, pero
muy hermosos. El techo de la cámara funeraria es también espectacular. De color
negro con las figuras en dorado, descubro alguna que otra constelación
dibujada.
Y para completar nuestra buena suerte, también estuvimos completamente
solos. Y no me puedo imaginar lo que debe ser visitar estos lugares con gente
pululando por todos los sitios, con ruido, con movimiento…Prefiero no pensarlo
y disfrutar de algo que me resultó único. Visitar cinco tumbas del Valle de los
Reyes casi en completa soledad se podría definir como lujo y todo un privilegio del que pocos
disfrutan. Y nosotros habíamos sido agraciados con ello.
Cuando salimos nos encontramos rodeados del movimiento y los colores de
las ropas de los turistas quienes parecían contaminar estas doradas y monótonas
tierras. Masas de ellos iban y venían moviéndose como si fueran bancos de
peces. Fue como si regresara a la realidad después de haber caminado por un
mundo onírico, irreal. Nos reunimos con Admed
que esperaba a la sombra junto con otros
guías. Miró su reloj y nos dijo que habíamos estado más de dos horas.
Sinceramente yo no había sido consciente del paso del tiempo y me parecía que
acabábamos de llegar. Solo el bullicio me confirmó lo que Admed decía. Tan solo
eran un poco más de las 8. Y si yo disfruté no me puedo imaginar lo que puede
ser esto para un egiptólogo o aficionado a la egiptología.
Ahora nos dirigimos al templo de Hatshepsut. Pero su visita la haríamos sumergidos
entre grandes ríos de gente que en grupos principalmente iban y venían.
Una parte se encuentra excavada en la roca a media altura, aprovechando
las terrazas del terreno y la otra está construida externamente basándose en
las construcciones previas. Parece completamente integrado en el paisaje, como
si formara parte de él. Es elegante y a la vez majestuoso, en completa armonía de proporciones.
A la entrada nos detuvimos para ver los restos de unos árboles traídos
por la reina Hatshepsut de su expedición a Punt. Admed nos explicó lo que
íbamos a ver y se disculpó por no subir. Había mucha gente, demasiada para lo
que estábamos acostumbrados, hacía mucho calor, la intensa luz del sol a esta hora era casi cegadora y
hacer fotografías con poca gente era una misión imposible. Y así ascendimos por las escaleras para visitar el templo de esta reina única y que en su día
despertó mi interés cuando leí alguna novela histórica que relataba su vida.
Su historia es apasionante. Hija
de Thutmosis I quien deseó que le sucediera ella en el trono, pero parece ser
que una conjura puso en el trono a su hermanastro Thutmosis II con quien se
casó pasando a ser gran esposa real. Pero Thutmosis II tuvo un reinado breve muriendo en plena juventud cuando sus dos
únicos hijos conocidos aún estaban en la infancia. Hatshepsut, gran esposa
real, no había traído al mundo un varón,
sino una niña, por lo que volvió a abrirse una crisis sucesoria resolviéndose
nombrando como sucesor a un hijo de Tutmosis II y de una simple concubina.
Dado que Tutmosis III era demasiado pequeño para gobernar, la gran
esposa real de Tutmosis II, Hatshepsut asumió la regencia y pospuso
indefinidamente el matrimonio entre el nuevo rey y su hija, la princesa real
Neferura, única persona que podría legitimar su ascenso al poder absoluto.
Hatsheput se autoproclamó faraón de las Dos Tierras y primogénita de
Amón, con el beneplácito de los sacerdotes utilizando así la Teogamia para legitimarse en el poder,
es decir, declarando que su verdadero padre no era Tutmosis, sino el propio
dios Amón quien visitó una noche a la gran esposa real concibiendo a Hatshepsut quien asumió todos los atributos masculinos de
su cargo excepto el título de "Toro poderoso" haciéndose representar
a partir de entonces como un hombre y tocándose de barba postiza. La sociedad
de entonces asumió sin problemas la nueva situación, y Hatshepsut gozó de uno
de los reinados más prósperos de toda la historia egipcia, gracias también al
apoyo recibido por Hapuseneb el sumo
sacerdote, y Senenmut, arquitecto del templo y posiblemente su amante y padre
de Neferura.
"El" faraón Hatshepsut dedicó la mayor parte de su reinado a
embellecer el país y a restaurar los templos, con el beneplácito de sus aliados
los sacerdotes.
Pero el rey, su hijastro, era un
joven que cada vez ansiaba más el poder, y a cualquier precio. Así que en
apenas un año murieron los dos principales sustentos de la reina y sus más
grandes apoyos, Hapuseneb y Senenmut
además de su hijo Neferura, lo que la haría caer en una profunda depresión,
dejando paso a Thumotsis III quien durante su reinado hizo un borrado de
memoria de su antecesora. Las últimas
teorías sobre el motivo para este borrado se relacionan con facilitar la sucesión al
hijo de Tutmosis, el futuro Amenhotep II.
Hatshepsut murió en su palacio de Tebas tras un largo reinado de 22
años, abandonada por todos. Se ignora la edad de su muerte, pero se estima que
debería oscilar entre los cuarenta y los cincuenta años.
Disfrutamos....lo que pudimos ya que la gran cantidad de turistas nos
obligaba a tener que buscar un hueco por el que asomarnos. Había muchos grupos que
impedían andar y moverse bien y me agobio con tanta gente.
El templo está decorado con escenas de fiestas en honor de Hathor y ofrendas de la reina a los dioses. En uno de los muros aparece Thutmose III mamando de la vaca Hathor.
El templo está decorado con escenas de fiestas en honor de Hathor y ofrendas de la reina a los dioses. En uno de los muros aparece Thutmose III mamando de la vaca Hathor.
En la tercera y última terraza hay 22 columnas precedidas de pilares
osiríacos que fueron destruidos por Thutmose III cuando asumió los plenos
poderes, tras la muerte de Hatshepsut.

En un momento determinado me fijé en una señora mayor que estaba
apoyada en una columna aprovechando su sombra y que con la boca abierta parecía
rendida intentando refrescarse con un pequeño ventilador de esos de pilas
mientras que el guía se desgañitaba con las explicaciones. Y en ese momento
pensé sobre los motivos que habían impulsado a esta señora a venir a Egipto y
me alegré de haber disfrutado de un guía para nosotros solos. E inmediatamente
después apareció el recuerdo de nuestro viaje por Vietnan y Camboya, sobre todo
por Angkor donde nos movimos en un grupo de unas 30 personas. Ahora puedo
afirmar que no disfruté de aquel lugar único como lo hubiera hecho si
hubiéramos estado solos o si el grupo hubiera sido mucho más reducido.
Descendimos del templo admirando las maravillosas vistas que se
disfrutan desde aquí, desoladas sí, pero hermosas.
Ahora nos quedaba visitar los colosos de Memon para después ir a
embarcar al crucero que remontando el Nilo nos llevaría hasta Assuan para desde
allí en coche terminar nuestra visita en
Abu Simbel.
Los Colosos de Memnón son dos gigantescas estatuas de Amenofis III que presidían su templo funerario, en la orilla occidental del Nilo, en Luxor. Las estatuas, construidas hace 3.400 años, muestran al faraón tranquilo, con las manos en las rodillas, mirando al Sol Naciente. En su parte baja están esculpidas su madre y su esposa.
Cuenta la leyenda -y está documentado por varios historiadores- que en
el año 27 a.C. un terremoto derribó gran parte de uno de ellos. A partir de
entonces, el otro coloso comenzó a “cantar” cada mañana al amanecer. La
explicación era que el cambio de temperatura, al comienzo del día, provocaba la
evaporación del agua, que al salir por las fisuras del coloso producía el
peculiar sonido. El emperador romano Septimio Severo nos privó de este fenómeno
al restaurar la estatua en el siglo III d. C.
Cada una tiene 14 metros de altura, pesan 700 toneladas, y están subida
a un pedestal de 4 metros de altura con 600 toneladas de peso. En total, el
conjunto suma 18 metros de altura y 1.300 toneladas de peso. Se piensa que hay
ciertas partes de la cabeza y el tocado desaparecidas, por lo que la altura
real podría haber sido de unos 21 metros.
Cada escultura está construida con un único bloque de granito traído
desde unas canteras localizadas cerca de El Cairo, a 675 kilómetros de Luxor.
Y allí nos quedamos un rato admirando estos solitarios y gigantescos colosos, mudos espectadores de
miles de años de historia.
Y ahora ya hacia el embarcadero que según nos dijo Admed había sido
trasladado fuera de la ciudad ya que como embarcaban todos los turistas más o
menos a la vez en todos los cruceros llegaban a colapsar la ciudad así que cada
compañía había comprado orillas del Nilo donde situaron los cruceros.
El coche nos dejó al pie del barco, descargamos nuestro equipaje y por
una enorme puerta lateral situada en el centro del barco, entramos para hacer
el correspondiente check in en un mostrador a modo de recepción. Todos los
cruceros que recorren el Nilo tienen la entrada
con la misma forma y situada el mismo sitio y es que cuando atracan todos
no hay orilla suficiente por lo que lo
hacen en batería y para embarcar o
desembarcar se atraviesan los barcos hasta llegar a la orilla o de la orilla hasta
la motonave de cada uno. Así puede haber hasta siete barcos en batería y los
pasajeros del último atraviesan los seis barcos restantes para embarcar o
desembarcar.
Subimos a nuestro camarote y comprobamos nuestra buena suerte ya
que estaba en el piso superior y era el
segundo empezando por la proa. El primero era una suite. ASADE ya me había
comentado que ponían especial cuidado en ello para que sus clientes no se
alojaran en camarotes cerca de los motores.


Y me faltó tiempo para estrenarla. Luego observé las hamacas de alrededor y me gustaron más las que estaban algo más alejadas de la piscina, hasta que me di cuenta que esas hamacas pertenecían al otro crucero. ¡Tan cerca estábamos unos de otros!.
Después del refrescante baño bajamos a comer. Buffet libre y también
habían cuidado nuestra disposición ya que estábamos alejados de los grupos, en
el extremo de una mesa junto a los ventanales casi con el agua del Nilo a la
altura de la mesa. Estupendo lugar. Así que armados con nuestros platos vacíos
buscamos la comida que nos resultara más apetitosa. Y no solo resultó buena
para los ojos, sino también para nuestro gusto.
Había leído comentarios de que en algunas naves no era buena, que era
repetitiva y aburrida, lo que no puedo decir de la de nuestra motonave (M/S
Solaris II) que en todo momento fue buena y variada.
Mientras que disfrutábamos de nuestro almuerzo el barco partió
remontando el Nilo.
Después de descansar un rato subimos a la terraza donde nos ofrecieron café o té con pastas. Yo me abstuve ya que no puedo tomar nada que contenga cafeína o teína después de las 15 pero tomamos posesión de una mesa al sol (la sombra ya había sido ocupada por las hordas bárbaras) desde donde contemplamos las riveras de este magnífico rio, rodeado de verdor y frescor pero que unos metros más allá veíamos convertirse en un paisaje árido donde el verde era sustituido por el ocre.
Después de descansar un rato subimos a la terraza donde nos ofrecieron café o té con pastas. Yo me abstuve ya que no puedo tomar nada que contenga cafeína o teína después de las 15 pero tomamos posesión de una mesa al sol (la sombra ya había sido ocupada por las hordas bárbaras) desde donde contemplamos las riveras de este magnífico rio, rodeado de verdor y frescor pero que unos metros más allá veíamos convertirse en un paisaje árido donde el verde era sustituido por el ocre.
Falucas pescaban, poblados pequeños se sucedían a lo largo de este
sagrado río y en un momento determinado vimos como una pequeña barca con dos jóvenes
se acercaba a nuestra motonave. Tiraron una cuerda larga a la proa atándose a ella y se juntaron a nosotros. Yo
curiosa me asomé y comenzaron a lanzar bolsas de plástico con ropa. Los
alemanes de al lado se partían de risa, abrían las bolsas y se probaban las
chilabas. Luego, asomados, regateaban con los chicos.
Me sentí avergonzada de pertenecer al mismo mundo que ese grupo de
alemanes frívolos, de ser europea, igual que ellos, sentí vergüenza ajena y tristeza y...asco,
porque no voy a decirlo. Y esta emoción es el motivo principal de no querer
visitar países pobres. No puedo mantenerme al margen de lo que veo a mi
alrededor. No puedo evitar sentir, pensar
y rebelarme ante mi impotencia y cobardía, porque yo lo veo desde mi
maravillosa burbuja. Vengo aquí, veo el tercer mundo, me digo que pena y
regreso de nuevo al mío donde no me falta de nada.
Bajamos después al camarote a descansar y a contemplar pasar las
orillas del Nilo continuando una tranquila y silenciosa navegación. Íbamos como
en una romería ya que una motonave sucedía al otra, por delante de nosotros y
por detrás, adelantándose a veces. Por
todo el cauce del Nilo navegaban motonaves remontando el curso y con el mismo
destino.
Antes de la puesta sol volvimos a subir a la cubierta superior. El astro rey comenzó a descender hasta que el
color dorado lo inundó todo. El gran Nilo, este río sagrado, símbolo de
vida, reflejaba amarillos, dorados,
rojos… amplificándolos. Las aves
buscaban su reposo y las pequeñas barcas de los pescadores con sus reflejos
y sombras pintaban un mágico escenario. Soy una apasionada de las puestas de
sol y de los amaneceres, no me canso de verlos. Los más hermosos que he visto
han sido sobre el mar, pero aquí...era fantástico.
Y ahora puedo decir que ha sido uno de los ocasos más hermosos que he
podido disfrutar en mi vida. Qué belleza, qué paz, qué serenidad transmitía todo
lo que nos rodeaba en el silencio y lento deslizamiento del barco.
A la hora a la que se abría el comedor para cenar, las 19,30, bajamos
ya que Admed nos dijo que luego se recalentaba todo y no estaba tan bueno. De
nuevo, estupenda cena y después subimos una vez más a cubierta. Ahora el
espectáculo estaba en la esclusa de Esna
a donde llegábamos.
Fue construida en el año 1906 sobre unas antiguas cataratas para salvar
los 10m de desnivel del río Nilo y que los barcos pudieran navegar. El proceso
es bastante lento, hay un canal lateral por donde entran las motonaves de una
en una y se va vaciando hasta alcanzar el nivel inferior, o llenando si se
navega en sentido contrario. Ya habíamos observado el funcionamiento de las esclusas
en el canal de Midi francés por el que habíamos navegado, pero la diferencia de
tamaño era considerable.
Era noche cerrada y tuvimos que esperar bastante a que llegara nuestro
turno y cuando llegó lo hicimos
precedidos de dos pequeñas barcas que se colaron delante de nosotros para pasar
la esclusa. Y una vez dentro el proceso fue muy rápido.
Y después de esto ya nos quedaba únicamente irnos a descansar ya que
Admed nos había dicho que si queríamos ver Efdu con relativa tranquilidad
deberíamos levantarnos muy temprano. Ahora ya todos los barcos anclaban en el
mismo sitio y todos comenzaban la visita a la misma hora con lo que
desembarcaríamos todos a la vez coincidiendo todos en el mismo lugar.
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